jueves, 18 de noviembre de 2010

La productividad de los políticos

¿Qué productividad política tiene Leire Pajín, con tres sueldos en la buchaca y menos currículo que Homer Simpson?


Debe ser que el siroco político que sopla desde El Aaiún le ha obturado las meninges y la arena sepulta la visión de las cosas porque, de otra forma, difícilmente es explicable que una cabeza tan sobresaliente como la de Manuel Chaves proponga cosas como las que ha propuesto. Repito: no me creo nada. No me creo que desde la tercera cabeza vicepresidencial del país se puedan pedir cosas tan inconsistentes, a no ser que el Gobierno busque desesperadamente refugios artificiales para protegerse de las varias tormentas que descargan sobre su esperanza de vida política. Chaves ha sacado el paraguas porque les está cayendo la mundial. Y el paraguas se llama productividad del funcionario.
Quieren poner a prueba la productividad del funcionario y, ¡¡Dios!!, qué cabeza más mala la de Chaves, pasa por alto que hace más de veinte años fueron ellos mismos los que pusieron en práctica la productividad funcionarial. Curiosamente para que la cobraran los de su pandilla, aquellos que echaron raíces en las fértiles tierras de la administración de Hacienda. Así que Chaves ha tirado del viejo paraguas, de un paraguas de hace más de veinte años, para capear el temporal pero estimo que se ha equivocado de paraguas. ¿Medir la productividad del funcionario? No es esa de las mejores ideas que salieron del nido del cuco socialista. Sobre todo, ya digo, porque desde hace veinte años está vigente. ¿Se puede presentar como nuevo algo que tiene ya veinte años de existencia? Parece que han perdido no solo el sentido de la medida. También el del tiempo.
Seamos comprensivos. Están tan presionados por los frentes políticos que mantienen abiertos que pueden estar sintiendo lo que sintió Napoleón cuando invadió Rusia. Mucho frío. No solo frío térmico. Sino ese frío insoportable que anticipa el fracaso colectivo, la derrota absoluta. Chaves, con su mala cabeza, acaba de ponérselo a huevo a la función pública española, que no vive precisamente con el Gobierno sus mejores días de vinos y rosas. ¿Se imaginan ustedes a los funcionarios exigiendo productividad a los políticos? A ver, a ver esos chicos de las plataformas indomables de la función pública. Me los puedo imaginar pasando lista, públicamente y en voz alta, sobre la productividad de los políticos. ¿Qué productividad tiene la ex Bibiana Aído, una señora que fue ministra gracias al compás flamenco de la agencia que presidía? ¿Y Leire Pajín, con tres sueldos directos para la buchaca y un currículo más corto que el de Homer Simpson?
Pero no es cuestión de perder el estilo y sacarle punta a las individualidades. Hallemos la productividad política en general. ¿Qué le ha producido a España la asimetría estatutaria? ¿Y la puesta en libertad de abominables terroristas convertidos a la fe democrática por el manual de Zapatero? ¿Y cómo medir la productividad política en unas leyes garantistas que compadecen más al delincuente que a las víctimas? ¿Es posible alcanzar el daño productivo ocasionado en nuestra economía cuando negaron la crisis más brutal, evidente e incuestionable que hemos vivido en los últimos cien años? ¿Podemos medir la productividad política del paulatino abandono de Ceuta y Melilla, sin dudas las ciudades más españolas de España? ¿Cuánto hemos de pagarle en productividad a una clase política que, a base de subvenciones, desnutre las arcas del Estado para pagar a su aristocracia afín? No sigo. Pero prométame, señor Chaves, que usted tampoco. Y no hable de productividad, no sea que ponga en peligro su retiro y el de alguna empresa muy familiar.

J. Felix Mahuca. ABC 17/11/10

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