miércoles 14 de marzo de 2012

El Gobierno Andaluz se echa a la calle


Nueva reflexión de Max Estrella, cesante de hombre libre. El pasado lunes en Por Andalucía Libre, sobre la manifestación de los “paralelos”:

Veo en los papeles que el gobierno corrupto del PSOE celebró el sábado jornada de puertas abiertas en la administración paralela. Quiero decir que abrió las puertas del redil de las hediondas agencias (máscaras del régimen para dar a la corrupción apariencia de virtud) y pastoreó a sus rebaños por las calles de Sevilla. No piense el lector que ando errado; no, al menos, en esta cuestión. Quien realmente convocaba la manifestación era esa banda de ignorantes, a la que nos excedemos llamándola gobierno (si les llamo ignorantes es porque, según ellos mismos manifiestan, nunca se enteran de lo que ocurre en la institución que, supuestamente, dirigen; al menos, eso es lo que les dicen siempre a los jueces: “yo no sabía nada”; ignorantes, pues).

Ciertamente que, desde una perspectiva puramente formal, convocaban los sindicatos felones y canallas, pero, a estas alturas de la historia moderna ¿a quién se le escapa que esos dizque sindicatos son las marcas blancas del partido de la corrupción y el paro; que están ahí para hacer el trabajo sucio que sus amos no pueden hacer córam pópulo (y es obvio de toda obviedad que al decir amos no me refiero a los trabajadores, a quienes –supuestamente- deberían servir, sino a esa nueva plutocracia en que se ha convertido la oligarquía socialista, cuyo máximo exponente es también –no por casualidad- su máximo líder político y referente ético, me refiero al archimillonario Felipe Gónzalez).

Convocaban los sindicatos que tienen el mayor entramado empresarial del país dedicado a no producir nada –que ya es arte- pero que, además –y esto supera el mero artificio para elevarlo a la categoría de prodigio-, les genera unos beneficios multimillonarios, incluso en tiempos de crisis. No es de extrañar, por tanto, que sus jayanes gasten Rolex que cuestan lo que muchísimos trabajadores (si es que tienen trabajo) ganan en un año -¿no es verdad, Cándido?; o hagan cruceros lujosos, o vivan en lujosas viviendas obtenidas al amparo del fraude a sus propios compañeros y a los fondos públicos –no es así Toxo?. O frecuenten lujosos restaurantes cuyo menú cuesta más de lo que un trabajador medio gana en una semana. Es decir que, como mentecatos y pobres de espíritu, les gusta el lujo.

Convocaba el sindicato que urdió la mayor estafa inmobiliaria que ha conocido este país –PSV- y cuya reparación tuvimos que pagar todos nosotros, no los estafadores. Convocaba, también, ese otro que descubrió que era rentable –para su burocracia- ir al rebufo del sindicato del poder y convertirse en parásito de un parásito.

Convocaban, a la postre, unos sindicatos de trabajadores -piadosamente, llamémosles de esa manera- cuyos dirigentes o no han trabajado nunca ¿verdad, Méndez?, o hace ya tiempo que se jubilaron (con 50 años, no con 67, como habremos de jubilarnos muchos, gracias a una reforma socialista que no les agravió tanto, y de la que no hablan, pues no habrá de afectarles), ¿verdad, Toxo?

Pienso en todo esto y me digo que sólo en clave de farsa –o de esperpento- puede interpretarse este espectáculo. Como en los mejores tiempos del franquismo, el régimen saca sus huestes a la calle para hacer apología de su gobierno. Leo en sus pancartas: “sí a la reordenación del sector público”, con ello se retratan, pues sólo en los regímenes populistas y totalitarios la acción del gobierno es enaltecida por las masas en la calle. Estos y aquellos son una misma cosa; en el fondo lo que pretenden es dotar de legitimidad a algo que a estas alturas está absolutamente deslegitimado; a una acción de gobierno que hasta los tribunales han calificado como realizada con absoluto desprecio del estado de derecho. Estos son los herederos del franquismo, y, como los niños, hacen lo que han visto en su casa. Imagino (y si no es así que alguien me saque del error) que el sábado esos que no se saben enchufados vinieron al Pardo de Griñán (me refiero al palacio, no a la oscura condición del gerifalte) del mismo modo en que los franquistas acudían ante el Caudillo: a gastos pagados, bocadillo y veinte duros de viático. Dinero que sin duda -en tanto que “defensores de lo público”- habrá salido de nuestros bolsillos; como el que Invercaria daba a ciertos destacados socialistas, del programa al que tenían la desvergüenza de llamar “Fondos Propios”, ¿no iban, pues, a quedárselo?

Entre todos ellos –socialistas y sus lacayos sindicalistas, parientes por consanguinidad y afinidad, y otros vínculos de más difícil y comprometida denominación, correligionarios, beneficiados y paniaguados- hay, sin embargo, algunos a los que de ninguna manera me gustaría ofender (y no es que pretenda ofender a nadie, desde luego, pero me importa poco que esos otros puedan sentirse ofendidos por lo que considero mera descripción de la realidad, según yo la percibo, como es obvio; en todo caso, no es mi intención ofender).

Me refiero a aquéllos a los que la Fortuna (esa loca borracha que da a los delitos lo que debe a los méritos, y los premios de la virtud al vicio, según Quevedo) dio un puesto de trabajo porque ese día, para ese trabajo, no había ningún “pariente, amigo, correligionario o recomendado” al que ofrecérselo. No sé si son conscientes de ello, no están ahí por méritos. El gobierno socialista no es amigo del mérito, lo ha dicho una de sus diputadas, esa chica de las 25 matrículas en la carrera, que ha tardado tanto en darse cuenta, como lo dijo antes, en Luces de Bohemia, un sepulturero con menos matrículas pero con más sabiduría.

Yo comprendo a esos beneficiados de la fortuna, pero creo que deberían ser conscientes de que están contaminados de bastardía por la corrupción del sistema que los ha cobijado y eso, tal vez, no pueden evitarlo, pues no está en sus manos. Lo que sí pueden evitar, pues depende exclusivamente de su voluntad, es unir su suerte a la de todos aquellos que conscientemente fueron beneficiarios de un expolio –de 25.000 puestos de trabajo, propiedad de todos los andaluces, entre ellos 1.200.000 desempleados- y cómplices o colaboradores necesarios de una operación antidemocrática –la gestación de una administración paralela, huida del derecho-. A estos nada tengo que decirles, aparte de que dejen lo usurpado y devuelvan el botín. A aquéllos que se dignifiquen y sean capaces de reconocer que esos puestos que ocupan, y que no deben al nepotismo, mas tampoco a la ley, han de ser puestos en almoneda: al mejor postor de méritos, en pública concurrencia, en condiciones de igualdad, como prescribe la ley. Si no lo hacen así, nada los diferenciará de aquellos otros que han sido cogidos con las manos en la masa, y que obscenamente se resisten a devolver lo que han robado a todos los andaluces.

Yo confío en aquellos que son íntegros, el día de mañana puede que algunos sean compañeros nuestros y se alegrarán, entonces, de poder mirarnos a la cara.

jueves 8 de marzo de 2012

Di algo de izquierda


La izquierda ya no dice cosas de izquierda y demasiados socialistas no tienen comportamientos socialistas

Raffaele Simone es un lingüista que lleva 40 años agitando la conciencia crítica de la izquierda italiana. El otro día aparecía en la contraportada de este periódico en un artículo donde se relataba la secuencia de una película de Nanni Moretti llamada Abril. En ella se veía al entonces primer ministro Berlusconi en un debate televisivo con el líder de la oposición Massimo d´Alema. El protagonista, viendo como transcurría el debate, le espeta a d´Alema a través del televisor: "Dile algo de izquierda".

Hace unos meses, en mitad de una larga conversación con un dirigente de izquierdas, le pregunté: ¿Qué le pasa al Partido Socialista? Y me contestó: "Te voy a dar una larga explicación, pero antes una respuesta rápida". Y dijo: "Al Partido Socialista le hacen falta socialistas". Demasiadas veces las cuestiones más difíciles tienen respuestas sencillas. Y la melancolía de la izquierda en España, también en la mayoría de los países de Europa, tiene un origen relativamente fácil: la izquierda ya no dice cosas de izquierda y demasiados socialistas no tienen comportamientos socialistas.

Rajoy ha iniciado su mandato haciendo una reforma del mercado de trabajo profundamente neoliberal y unas reformas en lo social tremendamente conservadoras. Eso no le ha impedido acometer varias medidas que tendría que haber hecho el Gobierno de Zapatero. Lo de intentar alcanzar un acuerdo con los bancos para resolver el drama de las familias que se quedan sin casa por no pagar la hipoteca, pero tienen que seguir pagando el préstamo. O el de poner un tope a los salarios e indemnizaciones de los banqueros cuyas entidades han recibido ayudas públicas. Se podría reprochar a Rajoy que ni el proyecto de la dación en pago ni los recortes de sueldos son suficientes. Pero resulta más reprochable todavía que un gobierno socialista no tomara medida alguna. Nadie le dijo, al parecer, a Zapatero: "Di algo de izquierda".

El caso de los ERE fraudulentos en Andalucía es choricero y queda aún por saber cuál es su verdadera dimensión. De lo que no existe duda alguna es que fueron nueve años los que el director general de Trabajo manejó a su antojo millones de euros destinados a empresas en crisis. Y que, durante ese largo período de tiempo, tuvo jefes que, en el mejor de los casos, ni descubrieron ni sospecharon sobre la vergonzante utilización que hacía de ese dinero público. Por eso, resulta un bochorno que nadie, a estas alturas de la investigación, haya decidido dimitir de sus cargos motu proprio, lo que hubiera sido imprescindible en cualquier dirigente. Más en un dirigente socialista que hace de ciertos valores su etiqueta ideológica.

La izquierda en Europa lleva una década preguntándose por el futuro de la izquierda en Europa. Y no deja de ser curioso que las respuestas que no han tenido ni los dirigentes progresistas europeos ni los grandes intelectuales, las tuvieran hace ahora casi un año miles de jóvenes acampados en plazas públicas reclamando una regeneración democrática que está aún por llegar. La crisis económica mantiene las arcas públicas exhaustas, por lo que va a empezar una campaña electoral donde lo importante no será conocer los proyectos y las promesas de los partidos para Andalucía, sino saber dónde van a meter las tijeras en un Estado de bienestar que empieza a desmoronarse. Y, también, qué nos proponen para cambiar un sistema que precisa de un reseteo: listas abiertas, una pulcra administración del dinero público, una vuelta a la ética y a la estética, acabar con la confusión entre lo público y lo privado, o entre partidos e instituciones. Pero, sobre todo, una respuesta contundente ante cualquier atisbo de corrupción, ya sea por acción u omisión. O sea, cuatro ideas de izquierda y un mínimo comportamiento ético. Una de las banderas de cualquier política progresista.

José Manuel Atencia. Diario El País, 5 marzo 2012

jueves 23 de febrero de 2012

#primaveravalenciana: sólo información

- Alumnos de instituto Luis Vives de Valencia protestan por los recortes en Educación (no tienen calefacción).

- Fuentes del centro informan que la calefacción funciona con absoluta normalidad.

- Se producen manifestaciones y cortes de la vía pública sin la preceptiva comunicación a la autoridad gubernativa.

- La policía reprime brutalmente las concentraciones de los bachilleres.

- Ninguno de los dieciséis heridos leves (once de ellos, policías) precisa hospitalización.

- Sólo uno de los cuarenta y cinco detenidos a lo largo de los disturbios es alumno del centro.

- Según el atestado, diecinueve de los veinticinco detenidos del lunes 20 (día de la represión) son mayores de edad.

- ¿Todos ellos alumnos “repetidores” del instituto Luis Vives? Ninguno.

- A raíz de la exagerada represión, la web #primaveravalenciana se convierte en trending topic mundial.

- La página web primaveravalenciana.com se anticipa a los acontecimientos: se crea dos días antes del conflicto por la misma persona que creó la del partido Compromis.

- El Jefe de la Policía represora, Antonio Moreno -el que niega información al “enemigo” y que aún no ha sido relevado del cargo- fue nombrado por el Ministro del Interior el 29 de julio de 2008.

- Ocho años después, vuelven a cercarse las sedes del partido del Gobierno en distintas capitales de provincias.


Francisco Romero, presidente de la Asociación El Tercer Lado.

Las opiniones difundidas en este apartado son de la exclusiva responsabilidad de sus autores y no se corresponden necesariamente con las de "El Tercer Lado"

lunes 20 de febrero de 2012

¿Empezamos a pensar en los ciudadanos?


La ley 1/2011 de reordenación del sector público en Andalucía ha monopolizado el debate de lo público prácticamente durante los dos últimos años, causando un notable perjuicio a la sociedad andaluza, entre otras, por las siguientes razones:

* No se han abordado ninguno de los graves problemas estructurales que disminuyen la eficacia de la Administración andaluza (no hemos solucionado los problemas de fondo).

* El debate se ha centrado sobre problemas creados por la propia reforma (hemos creado nuevos problemas de forma artificial: acusaciones cruzadas de enchufismo, defensa de privilegios, deterioro del clima laboral, desmotivación, desanimo, etc.).

* Los supuestos beneficiarios de la reordenación (trabajadores del sector público de la Junta) han resultado ser los mayores perjudicados por la situación de inseguridad jurídica en la que se encuentran en la actualidad (todos nos hemos visto perjudicados, nadie ha salido beneficiado).

La consecuencia de todo esto es que nos encontramos en una Administración “zombi”: paralizada, desmotivada y desorientada, en la que el funcionamiento de los servicios se ha deteriorado de una forma notable (no hemos mejorado nada, hemos empeorado bastantes cosas).

Partiendo de esta situación, se plantea una hipótesis de partida: la ley 1/2011 está funcional, jurídica y políticamente muerta, aunque esta situación no sea asumida por los actuales responsables de la Junta, dado el escenario preelectoral en que nos encontramos.

Las movilizaciones de los colectivos de empleados públicos y las actuaciones legales llevadas a cabo han desembocado en las recientes sentencias en contra de los distintos protocolos de integración del personal de las empresas públicas en los nuevos entes supone en la práctica la paralización de la norma. La exigencia por parte de los tribunales de la ejecución de las sentencias dictadas obligará a la Junta de Andalucía a tomar medidas con carácter inmediato. Estas medidas podrían tomarse al final de la presente legislatura (hipótesis poco probable) o al inicio de la siguiente (hipótesis más probable).

La derogación del Decreto no supone sino el primer paso de un largo camino de modernización y mejora de los servicios que la Administración debe prestar a ciudadanos y empresas. En este sentido, es urgente y prioritario alejar el foco del debate de una ley ya prácticamente muerta y encauzar las expectativas y las energías de los empleados públicos y la ciudadanía hacía un nuevo modelo de Administración orientado al ciudadano.

Este debate debería de centrarse en cómo debe de funcionar la Administración y no en qué debe de hacer la Administración, cuestión en la que las distintas opciones políticas tienen su ámbito natural de actuación.

Y deberemos realizar este proceso en un contexto de crisis (con la limitación de recursos materiales que esto implica), mirando hacia el futuro (sin revanchas, venganzas, ni cazas del enchufado), con afán de integración de todas las personas e ideas que enriquezcan el modelo, favoreciendo la participación y la transparencia de la ciudadanía y los empleados públicos y evitando el sufrimiento gratuito decastigaral funcionario con medidas efectistas que no mejoran la productividad (incremento de la jornada laboral).

Para avanzar en esta dirección y orientar el debate público al día después de la derogación de la ley 1/2011, es necesario diseñar una estrategia de modernización de la Administración, en coordinación con la Administración Central del Estado y las Administraciones locales, que contemple, entre otras las siguientes cuestiones: transparencia y participación ciudadana, reforma profunda de la Función Pública, profesionalización de altos cargos y personal directivo, administración electrónica, sistemas de información, simplificación y racionalización administrativa, gestión del cambio, entre otras cuestiones.

La lucha contra la reordenación ha marcado un hito en la creación de una conciencia de servicio publico y responsabilidad hacía la sociedad de los empleados públicos. Pero esa misma vocación de servicio público nos exige ahora que concentremos esfuerzos e ilusión en aportar ideas y propuestas para la mejora de esta Administración tan necesaria como vapuleada.


Marcelino Bilbao



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