miércoles, 26 de diciembre de 2012

Felices Fiestas



Desde El Tercer Lado os deseamos lo mejor en estas entrañables fiestas y que 2013 -esta vez sí o sí- venga cargado para todos nuestros amigos de salud, trabajo y condiciones dignas para su ejercicio.

Esperemos también que los responsables políticos vean llegado el momento de la responsabilidad, de la moralidad y de la legalidad en la gestión pública. Todo ello ha de llegar de la mano de la derogación de la Ley 1/2011, lo que, con toda seguridad, todos juntos y más temprano que tarde, vamos a conseguir.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Expediente X



¡El último vídeo de Eduardo Maestre está desde el pasado día 17 en You Tube (Expediente X)!

Los fondos reembolsables en el punto de mira de la entrevista a nuestro compañero Luis Escribano, vocal de El Tercer Lado.

sábado, 15 de diciembre de 2012

El cáncer del Estado



Salió el pasado día 6 en la revista digital Por Andalucía Libre y, aunque tarde, hoy llega a nuestro sitio el último artículo de Max Estrella (*) -cesante de hombre libre-.

Vemos en los medios que dos infatigables luchadores contra la podredumbre de este régimen han promovido una curiosa iniciativa: solicitar un simbólico asilo humanitario ante determinadas representaciones diplomáticas extranjeras, bajo argumentos que, aunque rebosantes de ingenio, sólo pueden calificarse de extravagantes desde una perspectiva técnico-jurídica. Evidentemente, eso carece de importancia.

Lo importante, a mi juicio, es que nuestros dos siderales y apocalípticos amigos, Eduardo y Luis, han puesto el dedo en la llaga, una llaga más profunda que la cervantina sima de Cabra y más supurante que las fuentes del Nilo. Porque, en efecto, el gran problema de este país es que los partidos políticos hayan conseguido apropiarse de las instituciones del estado, las hayan “patrimonializado” en su provecho; es decir, hayan parasitado el Estado.

Partitocracia. Esa es la madre de todos los males de nuestro sistema político, y de la corrupción política. Quienes hayan conocido el franquismo sabrán que la expresión era tabú en los ambientes “progresistas”, ya que Franco solía usarla. De manera que hablar de partitocracia y ser tachado de fascista eran una misma cosa. Y así quedó establecido –para provecho de la actual casta- que luchar contra la partitocracia era luchar contra la democracia. Hasta el punto de que ni siquiera la Real Academia Española –seguramente para no contrariar a Cebrián- acepta el término. Yo me permito su uso bajo la advocación de Eduardo Haro Tecglen, ese gran sectario que, como tantos otros hijos de la secta, pasó de una reivindicación elegíaca de José Antonio (aguanten la risa, por favor: “Se nos murió un Capitán, pero el Dios Misericordioso nos dejó otro. Y hoy, ante la tumba de José Antonio, hemos visto la figura egregia del Caudillo Franco…”), a dar las gracias a uno de los más grandes asesinos de la historia, Koba El Temible, José Stalin para el siglo, para terminar llamando “cristofascista” a Esperanza Aguirre, en uno de sus últimos artículos en El País. Y así, puesto que en su “Diccionario político” incluyó el controvertido vocablo, quedo redimido; más aun considerando que, a modo de bula, dispongo legítimamente de un ejemplar.

Pues bien, la partitocracia es una corrupción de la democracia en la que los partidos políticos –o más exactamente sus oligarquías- controlan directa o mediatamente todos los poderes del Estado y sus Instituciones, usurpando la soberanía nacional, que queda residenciada en el pueblo sólo de un modo formal pero no real ni efectivo. Una mera ficción, moco de pavo.

Porque ¿acaso no es un hecho que, contra lo dispuesto en la Constitución, los partidos, a través del sistema de electoral de listas cerradas y bloqueadas, han establecido un monopolio fáctico que impide o dificulta gravemente el acceso a las funciones representativas y cargos públicos a quienes no aceptan sus reglas y se pliegan a sus intereses?

¿Acaso no es un hecho que, contra lo dispuesto en la Constitución, los parlamentarios, y en general cualquiera que deba su cargo al partido, están sometidos al mandato imperativo de éste, que no sólo les indica el sentido del voto sino que les aplica medidas disciplinarias si contravienen sus directrices?

¿Acaso no es un hecho que los partidos controlan el poder judicial, y se reparten, como bucaneros, los asientos del Consejo General y del Tribunal Constitucional, como si de un botín se tratara? ¿Y acaso no controlan mediatamente el ingreso en la carrera de jueces y magistrados, su promoción profesional y, sobre todo, el acceso a las más altas magistraturas?

¿Acaso no es un hecho, que en contra de lo dispuesto en la Constitución y en las leyes, dirigen y controlan las instituciones garantistas, como el Banco de España, el Defensor del Pueblo, el Tribunal de Cuentas, el Consejo de Estado, etc, designando a sus miembros y sometiéndolos a su disciplina?

Y esto sólo en lo que afecta al sistema político; del control de la sociedad por los partidos, como en los regímenes totalitarios, en Andalucía tenemos un magnífico ejemplo.

Y, por supuesto, todo lo anterior es extensible respecto a los demás poderes territoriales: comunidades autónomas y entidades locales.

Una prueba de la existencia de este régimen partitocrático está en el hecho de que en un país donde la política se practica desde, la abyección, el rencor, la crispación, el insulto; en suma, desde el cainismo como método, no exista la más mínima disensión entre los partidos cuando se trata de los elementos que son el sostén del régimen: el control de los poderes del Estado, el reparto por cuotas de las instituciones, el sistema electoral, la financiación faraónica y un régimen de impunidad respecto a sus actos.

Los partidos gobiernan para sus intereses o, en el mejor de los casos, conforme a la regla de oro del despotismo ilustrado. En todo caso, el pueblo no cuenta para nada. No es de extrañar, pues, que en el barómetro de noviembre del CIS la ciudadanía perciba a los políticos y a los partidos como el tercer problema del país después del paro y la situación económica. Ciertamente que esta indignada desafección surge ahora, cuando la economía va tan mal y las expectativas no dan pábulo al optimismo; tal vez llega con retraso, nos hemos dejado robar la libertad, la dignidad y la cartera, y ahora que ya no caen migajas de la mesa donde se celebra el banquete, viene el lamento. Esto que tenemos es lo que hemos deseado o, al menos, consentido.

Alguien, pues, ¿se atreve a llamar a esto democracia?



(*)José Luis Roldán Murillo, 1953, Cabra (Córdoba). Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla (1976). Candidato al Congreso de los Diputados por el Frente Democrático de Izquierdas en las elecciones de 1977, y abogado laboralista de la clandestina CSUT (Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores) (1977-1978). Técnico de Administración General del Ayuntamiento de Dos Hermanas (Sevilla) (1978), y desde 1983, Funcionario del Cuerpo Superior de Administradores de la Junta de Andalucía. Fue alto cargo de la Junta de Andalucía, director general de Administración Pública y director del Instituto de Administración Pública hasta su dimisión. Ha intervenido activamente en la lucha de los empleados públicos desde 2010 por su profesionalización, neutralidad política y consideración social frente a la Junta de Andalucía.

martes, 4 de diciembre de 2012

Asilo humanitario


El pasado sábado, 1 de diciembre, decenas de ciudadanos se plantaron con sus maletas a las puertas del consulado de EEUU, en la Plaza Nueva de Sevilla; del de Francia, en Granada; del Alemania, en Málaga; y del Argentina, en Cádiz. Allí se leyeron distintos manifiestos.

Tan cansados están de la "corrupción generalizada" en Andalucía y de los políticos que gobiernan que han decidido dar un paso al frente y organizar una protesta que simbolice el "descontento, rechazo y hartazgo por estos 30 años de corrupción indestructible".

Los impulsores de esta novedosa protesta son el profesor de Música de Sevilla Eduardo Maestre y el funcionario de la Junta Luis Escribano, vocal de esta asociación. Como se ha reflejado en este sitio, ambos han grabado varios vídeos que han colgado en Youtube sobre el despilfarro de la Junta de Andalucía y diversos casos de corrupción.


Aquí los manifiestos leídos en Sevilla:

 

Y aquí la tergiversación propia de una cadena televisiva del régimen, presente de principio a fin en el acto, para acabar “informando” esto.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Gallardón in love


Apareció anteayer en la revista digital Por Andalucía Libre y hoy se sirve aquí el último artículo de Max Estrella (*) -cesante de hombre libre-.

Todavía recuerdo –y me parto de risa- el día que Gallardón entró en la historia. Fue en abril del 2006, con ocasión de la presentación pública del retrato que le hizo Hernán Cortés (no podía ser menos; a tal señor, tal honor); y fue Esperanza Aguirre, que tomaba el relevo al frente de la Comunidad de Madrid, la que -dirigiéndose a los hijos del retratado: “vuestro padre entra en la historia”- lo decretó. La prensa, afortunadamente, estaba allí; y así, al día siguiente pudimos leer este titular en ABC: “Gallardón entra en la historia”. Ahí estaba: las piernas tan separadas como los pilares del puente del Quinto Centenario, las manos metidas en los bolsillos del pantalón, y el rictus desafiante, reflejando seguridad, dominio y, sobre todo, superioridad; disimulando, al mismo tiempo, el fastidio que le producía -a él, cuya esencia es el dinamismo- verse fijado en la inmovilidad del retrato.

Habría sustituido al pavo real como imagen simbólica de la vanidad, si no fuese porque el retrato era la mismísima alegoría del narcisismo; o, más exactamente, del onanismo; de ahí las manos en los bolsillos. Gabriel Albiac lo caló: “Gallardón autoerótico”. Es lo que suele ocurrir, desde los tiempos de Esopo, con los enamorados de sí mismos: quedan para la chanza y el sarcasmo.

A estas alturas, pues, ninguna decisión del Ministro de Justicia nos sorprenderá (ni siquiera aunque se adopte en contra de la opinión de jueces, fiscales, abogados, procuradores y justiciables, que es la denominación que nos dan a los ciudadanos cuando tenemos la desdicha de caer en sus garras), siendo como es, soberbiamente soberbio y pagado de sí mismo. Menos aun tratándose de un asunto -el de la brutal subida de las tasas judiciales- que se desenvuelve absolutamente, sin desviarse un ápice, conforme a la estrategia política del PP: acabar con la clase media. Zapatero la inició y su hermano menor, Mariano, la concluirá. Nadie en la historia de España habrá hecho tanto por el socialismo como ellos dos. En doce años, la eliminación de la clase media. Todos pobres.

No obstante, que el hecho no constituya sorpresa, no nos impedirá hacer un par de comentarios.

El principal efecto de esta siniestra ley será el incremento de la arbitrariedad por parte de los poderes públicos. Sobre todo en los “pequeños asuntos”; es decir aquélla arbitrariedad que se comete contra el ciudadano en asuntos en los que el fuero es más costoso que el valor del huevo (como Abundio, habría que vender el coche para comprar la gasolina). Por ejemplo, las multas de tráfico; paradigma de la arbitrariedad suprema. Quienes servimos en la Administración Pública estamos hartos –dolorosamente hartos- de oír a los mandamases que toman las decisiones esa frase-mantra: “¡que recurra!, cuando se les señala que la resolución de un determinado asunto en perjuicio del interesado no se acomoda a la ley. Verdaderamente es un modo de actuar que da resultados. La mayoría de la gente no recurre; en primer lugar, porque han de valerse para ello de abogado y procurador, lo que por si mismo ya es bastante disuasorio, por muchos motivos (como decía un personaje en la película Tierra de audaces: “si han de prevalecer la Ley y el Orden en el Oeste, la primera medida es echar de las ciudades a los abogados…”). En segundo lugar, por la inexistencia de seguridad alguna respecto al resultado del pleito. Porque, ya se sabe, en este país lo que diga una ley, por claro que esté dicho, no vale para nada si hay que preguntárselo a un juez. Por eso decía Quevedo que no hay juez que no afirme que el entendimiento de la ley es el suyo; por eso hablaba de leyes torcidas que pudieran arder en un candil. Y, por si esos dos elementos no fuesen suficientes, añadimos ahora el factor Gallardón; que pretende que los ciudadanos nos traguemos sin rechistar, incluso agradecidos, los sapos de la arbitrariedad (o como dice un buen amigo mio, los gazapos; es decir, las crías de los sapos).

Y, ¡cómo no!, si hablamos de arbitrariedad no podía faltar la mano de Montoro, el inútil. Los funcionarios seremos los más perjudicados por esta medida; porque lo seremos en calidad de ciudadanos –perdón, quise decir súbditos justiciables-, como cualquier otro, y, también, por nuestra condición –que ya empieza a convertirse en fatalidad- de servidores públicos.

Esta ley de tasas –bajo argumentos que no merecen tal nombre; y que, por no resultar pesado, no voy a comentar- deroga el artículo de la Ley de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa que permitía a los funcionarios comparecer por sí mismos en los asuntos concernientes a su relación laboral que no implicasen separación del servicio. Montoro, el mentiroso, no para de desprestigiar a los funcionarios públicos, siempre bajo el mismo argumento: el de supuestos privilegios. Vuelve aquí a repetirlo. Ahora bien, es fácil poner en evidencia a un mentiroso.

Estos son los hechos:

1º. ¿Porqué, si el régimen jurídico de funcionarios y trabajadores ha de ser el mismo según Montoro (que no según la Constitución), no residencia las discrepancias laborales de cualquier clase en la Jurisdicción Social? ¿Por qué son distintas las jurisdicciones que conocen de los pleitos laborales de trabajadores y funcionarios?

2º ¿Porqué, si el régimen ha de ser el mismo, los funcionarios han de valerse ahora de abogado y procurador, en tanto que un trabajador puede comparecer en la jurisdicción social por sí mismo, o representado por su suegra, si le pete?

3º ¿Porqué las tasas de la segunda instancia (las de la primera están exentas para ambos colectivos) son prácticamente el doble para funcionarios que para trabajadores?

4º ¿Porqué, a pesar de lo anterior, a los funcionarios no se les aplica la exención de un 60% de las tasas en apelación y casación, como al resto de los trabajadores?

Señor mentiroso, ¿a qué igualdad se refiere cada vez que habla de igualdad?

El victimismo me resulta odioso, pero amo más la verdad que la opinión ajena. Por eso es necesario decir lo que otros no dicen y vilipendiar la mentira y al mentiroso. Esta ley -en un país donde la seguridad jurídica no existe, donde la arbitrariedad sólo es superada por la impunidad, y donde la justicia vale menos que el orín de los perros- es oprobiosa para los derechos y garantías propios de una sociedad democrática. Vaya por delante que lo digo más como desahogo que como lamento. Pues a estas alturas de lo leído, lo visto, lo oído y lo padecido mi descreimiento de la justicia es tal que no está en mis cálculos amargarme con ningún pleito; y aunque sé valorar las palabras de don Juan Manuel, personaje de unas novelas de Valle-Inclán, al decir “…cuando la razón está en su abono, sabe que no debe pedírsela a un juez. Pudiera acontecer que me la negase, y tener entonces que cortarle la diestra, para que no firmase más sentencias injustas”, no aspiro, sin embargo, a eso; aunque reconozco que sería un acto de justicia. Como soy de natural pacífico, me limito a rebelarme por medio de lo que, por ahora, no hemos sido despojados: la palabra.

Así las cosas, la imagen de esta justicia esquilmadora cada vez se me antoja más cercana al mono juez de la fábula francesa de la que Rubén Darío hizo una bella paráfrasis en “Un pleito” (que para “disfrutación” del lector curioso reproducimos íntegra en la sección poesía):

Diz que dos gatos de Angora
en un mesón se metieron
del cual sustraer pudieron
un rico queso de bola.

Como equitativamente
no lo pudieron partir,
acordaron recurrir
a un mono muy competente;

..........................
..........................

Y cuando del queso aquél
quedan tan pocos pedazos
que apenas mueven los brazos
de la balanza en el fiel,

el mono se guarda el queso
y a los gatos les responde:
—Esto, a mí me corresponde
por los gastos del proceso.


Que el lector, según su criterio y preferencias, le ponga cara al mono. Por mi parte, ahora que viene la época propicia, cuando me tome una copa de anís el mono, no será Darwin sino Montoro quien alivie mis pesares. Así servirá para algo.


(*)José Luis Roldán Murillo, 1953, Cabra (Córdoba). Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla (1976). Candidato al Congreso de los Diputados por el Frente Democrático de Izquierdas en las elecciones de 1977, y abogado laboralista de la clandestina CSUT (Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores) (1977-1978). Técnico de Administración General del Ayuntamiento de Dos Hermanas (Sevilla) (1978), y desde 1983, Funcionario del Cuerpo Superior de Administradores de la Junta de Andalucía. Fue alto cargo de la Junta de Andalucía, director general de Administración Pública y director del Instituto de Administración Pública hasta su dimisión. Ha intervenido activamente en la lucha de los empleados públicos desde 2010 por su profesionalización, neutralidad política y consideración social frente a la Junta de Andalucía.