lunes, 15 de octubre de 2012

El pie de Jean-Baptiste



Y esto no para... la trilogía se completa.

¡Desde ayer ya está en You Tube el último vídeo de Eduardo Maestre (El pie de Jean-Baptiste)!

Tras el éxito de las dos primeras, nueva entrevista a nuestro compañero Luis Escribano, vocal de El Tercer Lado. ¿Todo quedará ahí?


martes, 2 de octubre de 2012

Al Capone fue una monja de la caridad

El pasado 23 de septiembre fue la primera entrega y parece haber tenido repercusión...

¡El último vídeo de Eduardo Maestre está desde el pasado día 30 en You Tube (Al Capone fue una monja de la caridad)!

Una nueva entrevista a nuestro compañero Luis Escribano, vocal de El Tercer Lado. Y después de la primera, ¿te vas a perder ésta?


domingo, 23 de septiembre de 2012

Un meteorito del tamaño del Teide



¡Acaba de salir, todavía calentito... !

¡El último vídeo de Eduardo Maestre está desde hace unos minutos en You Tube (A Belén, castores)!

No te pierdas la entrevista a nuestro compañero Luis Escribano, vocal de El Tercer Lado. Bien merece la pena.

¡Qué clarito, qué bien se entiende todo… !


sábado, 22 de septiembre de 2012

Vendrán por ti, por mí, por todos



El pasado jueves en Por Andalucía Libre nueva reflexión de Max Estrella -cesante de hombre libre- en que, ahora más que nunca, atañe a todos. Valgan sus acertadas palabras como merecido reconocimiento a su labor: “Lo” de Guillermina es “lo” de todos. ¿Nos enteraremos alguna vez?

Hoy la víctima lleva el nombre y el rostro de Guillermina; como ayer llevó el rostro sereno y patriarcal de Teodoro –tan parecido, según la imagen que publicaron los papeles, a Fray Leopoldo de Alpandeire-, o el de Pedro, o el de Carmen, o el de José María, o el de tantos otros rostros anónimos que han padecido, que padecen, la represalia cruel por el delito de haber plantado cara a la tiranía.

Sí, digo tiranía y digo tirano; porque tirano, según Aristóteles, es quien mira más a su provecho particular que al común. Aquí, en la administración de un régimen gobernado hoy por la hidra policéfala, de mirada letal y ponzoñoso aliento, incurre en delito quien opone la majestad de la Ley –expresión del interés común- a la voluntad del tirano. Puede ser que me repita, que ya lo haya contado, si es así pido disculpas, en cierta ocasión tuve la osadía de indicar en un informe la escasa consistencia jurídica de una orden del Consejero de Salud, cuyo contenido violaba descaradamente lo establecido en una ley. Tratando el asunto, el secretario general técnico me espetó ríspidamente: ¿Quién te has creído que eres para llevarle la contraria al Consejero?

¿A quién le cabe duda a estas alturas de que a este gobierno, continuación de los que le han precedido en treinta años, es decir, a este régimen, le molesta la Ley? Para este régimen la ley es un obstáculo; por tanto, la elude; o la retuerce. Nunca, como ahora, ha sido más fácil comprobarlo, cuando diariamente los medios de comunicación –no confundir con Canal Sur, por favor- llenan sus páginas con dos ejemplos paradigmáticos: el escandaloso robo durante una década de los fondos destinados a las políticas de empleo –vulgo, ERE; o el rollo de los ERE, para el Consejero de Justicia-; y la menos escandalosa, aunque más grave, suplantación de la administración legítima por una administración de partido. En uno y otro caso se pone de manifiesto la esencia del problema: elusión del Derecho, retorcimiento del Derecho, desprecio del Derecho.

Esa es la cuestión fundamental. Esos son los términos del conflicto: estar sometido a la Ley versus estar por encima de la Ley.

Por tanto, no puede sorprendernos que los lacayos del régimen reaccionen con fiereza ante la mera invocación de la ley; es como meter los dedos en la llaga fétida y supurante por la que padecen; es como mostrarles la cruz a los vampiros.

Obviamente, el trabajo sucio no lo hacen los que mandan. Suelen servirse de personas –llamémoslas así- de condición lacayuna, que hay gente tan vil que hacen carrera sólo por los méritos de su sumisión y falta de escrúpulos. Que se anticipan a los deseos del capo, haciendo exhibición de talento para la crueldad, con métodos, incluso, de sutileza jesuítica. Como en el caso de Guillermina, con la innovadora técnica del acosador ausente.

Lo malo es que no se trata de retórica. Hablo de personas, y hablo de sacrificio, y hablo de sufrimiento. Hablo de ilusiones pisoteadas, de legítimas y nobles expectativas agraviadas. Hablo de personas postergadas y ultrajadas. Hablo de humillación.

Y aun lo peor no es eso. Lo peor es que haya gente –dentro y fuera- que contempla inconmovible la injusticia y el sufrimiento, como si se tratara de una representación, ajena a la realidad de sus vidas. Lo exponía muy bien Alberto Manguel en el prólogo a la edición de 2004, de un libro de hace ocho siglos, “La leyenda dorada”, de Santiago de la Vorágine: “…inundados por imágenes de sufrimiento en las que lo ficticio se confunde con lo real…nos cuesta imaginar el sufrimiento ajeno. Lo vemos, pero no lo sentimos”.

Para esos, insensibles, tibios, hago mías las palabras del Apocalipsis: “Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente… puesto que eres tibio… voy a vomitarte de mi boca”. Piensan que no les concierne la injusticia. Piensan que quien la padece la merece, por no hacer como ellos, inhibirse. No saben que si todos fuesen como ellos, estaríamos aún más sometidos. Creen que están a salvo porque ven, oyen y callan. No saben que –como dijo Quevedo- para el tirano, igualmente es cómplice el que calla como el que responde.

A esos les decimos: mañana seréis vosotros, o vuestros hijos. Entonces, demasiado tarde, comprenderéis.

jueves, 30 de agosto de 2012

El haraquiri de la gaviota. La resaca electoral


La primera derrota electoral del régimen andaluz en casi 7 lustros –muy cerquita ya de los 40 años en los que, si todo transcurre con “normalidad”, le echará la pata al anterior Jefe del Estado, compulsivo ganador de referendos- ha llegado acompañada del fracaso de los que aspiraban a finiquitarlo.

Centenares de sociólogos y “estudiosos” diseccionan en estos días las causas por las que, aún “a pesar de la que está cayendo”, en Andalucía es tan imposible una alternancia que acabe por perfeccionar la democracia como la otra cara de la moneda: una democracia que favorezca la alternancia.

La pregunta está en la calle: ¿Por qué los sondeos electorales de las elecciones andaluzas resultaron tan alejados de la realidad?

A mi modesto entender, la gaviota, emblema del Partido Popular y fuerza vencedora que no victoriosa, en un vano intento de emular al pelícano, protagonizando un fatídico gesto de amor, se ha apuñalado el pecho para alimentar con su sangre no a sus crías como se contaba del ave marina, sino a otros parásitos extraños a su especie.

No hay que buscar responsables en otras latitudes. Han sido los “fieles” del Partido Popular los que, sencillamente, no se han dado cita ante las urnas.

La celebrada reacción de la izquierda andaluza no ha existido. Su fidelidad electoral apenas ha sufrido variación desde los últimos comicios y así lo demuestran los números: En Andalucía, la suma PSOE-IU obtuvo hace un año en las elecciones municipales 1.812.324 votos y en las generales 1.950.365. Ahora se han tenido que conformar con apenas 10.000 votos más (1.960.910), en gran proporción depositados en emblemáticos colegios electorales como los de El Pedroso, Burguillos o Huévar del Aljarafe, donde la podredumbre ha sido norma y no excepción; lo que, por otra parte, deja en el alero el mediático discurso de que la izquierda castiga a “sus” corruptos en las citas electorales. Pareciera que, otra vez, lo han dejado para mejor ocasión.

El descalabro, repito, hay que encontrarlo necesariamente en el electorado del PP, en las 1.604.170 papeletas en las municipales del pasado marzo y en los 1.982.091 votos del Congreso de los Diputados de hace cuatro meses que se han borrado del “mapa político” andaluz el pasado día 25 en el que las urnas acogieron “sólo” 1.567.207 papeletas con el logotipo de la gaviota. Todo ello después de que Javier Arenas se haya pateado Andalucía durante los últimos años para convertir a su partido por vez primera en la fuerza más votada, lo que, bien mirado, no es poco.

¿Y cuáles han sido las causas por las que casi 415.000 votantes del PP “deserten” cuatro meses después?:

- La primera, que podría estimarse en un 50%, la tremenda irresponsabilidad, pasotismo e indolencia de la ciudadanía andaluza en general y del votante conservador en particular que han considerado históricamente a la Administración autonómica como un irrelevante órgano de segundo grado, inducidos sin duda por el asumido mimetismo Junta de Andalucía – PSOE que durante décadas se han encargado de propiciar sus dirigentes con la estimable ayuda de sus altavoces mediáticos.

- En segundo lugar, con alrededor del 30% de la carga, los efectos de una reforma laboral tan necesaria como mal explicada, la subida del IRPF (siempre pagan los mismos) y el anunciado recorte presupuestario hecho realidad hoy en el Consejo de Ministros, aprobados por el Gobierno de la nación (y eso que decían que no tomaba medidas) en plena campaña electoral, aunque sean consecuencia de la horrenda y quasi delictiva situación heredada.

- Finalmente, el 20% restante hay que achacarlo al conformismo inducido por las encuestas previas (todo está hecho, esto está ganado).

¿Y ahora qué?

Desde la perspectiva del funcionario andaluz, el celebrado pacto de la coalición de perdedores (PSOE-IU) tendrá en breve la oportunidad de aportar soluciones y de dar un giro de 180 grados a la endémica situación de la última región española en la gran mayoría de los indicadores. Con un sector público sobredimensionado y con la tasa de desempleo más alta de Europa, ahora no bastará para toda la legislatura con el seguro e inminente discurso victimista (“Rajoy no nos manda un euro”) que se convertirá, al menos durante unos meses, en el principal eje de su política. Pero esa soflama, tarde o temprano, tiene fecha de caducidad: gobernar significa dar soluciones a los problemas de los ciudadanos y asumir responsabilidades. Y habrá que adoptarlas. Cataluña es hoy un buen ejemplo de ello.

Al presidente Griñán, don José Antonio, que volverá a serlo sin ganar unas elecciones, y al más que seguro vicepresidente Valderas, don Diego, el de los piquetes informativos y el de las “tetas gordas” sin que la “Sección Femenina Andaluza” (Max Estrella dixit) abra la boca, le tocarán hacer encajes de bolillos para ofrecer políticas eficaces y transparentes, todo ello procurando un difícil equilibrio de manera tal que no se muevan, no se noten y no traspasen los más que seguros e inconfesables acuerdos de las nuevas agendas ocultas gestadas al margen de sus grandilocuentes discursos. O por el contrario:

¿Podemos confiar en que tendrá virtualidad –y no devendrá en paripé- la tenazmente negada comisión de investigación de los fraudulentos expedientes de regulación de empleo? ¿Se derogará la Ley del Sector Público Andaluz sacada adelante con el anterior rodillo parlamentario y la pusilánime abstención de Izquierda Unida? ¿Será el final de la prepotencia, del desprecio al Estado de Derecho, de la huida del Derecho Administrativo y del enchufismo legalizado vía Ley 1/2011, como han sentenciado los propios Tribunales? ¿Recuperarán los funcionarios el poder adquisitivo anterior al tijeretazo socialista? ¿De verdad no habrá recortes en Educación, Sanidad, Pensiones e Igualdad? ¿Subsistirán las Ofertas de Empleo Público enarbolando los principios de igualdad, mérito y capacidad en detrimento del clientelismo?

Si es así, ¿de dónde sacarán la pasta? ¡Ah, ya… que Rajoy no se estira... !.

Francisco Romero, presidente de la Asociación El Tercer Lado.

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