miércoles, 15 de junio de 2011

Despatrimonialización de la Junta de Andalucía. “¿Enajenación o alienabilidad?”




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La Junta de Andalucía tira la casa por la ventana y pone sus edificios de oficinas -bienes inmuebles- en venta. ¿Por el procedimiento de subasta? ¡No, claro que no! Nuestros gobernantes han huido una vez más del principio de transparencia y del control administrativo y están vendiéndolos de forma directa y sin publicidad.

¿Hablamos de bienes patrimoniales, de los que pueden venderse? No, no, hablamos de bienes de dominio público, los inembargables, imprescriptibles e inalienables según nuestra Constitución, y que son de todos los andaluces. Pero... ¿es esto posible? Para nuestros gobernantes -¿socialistas?- naturalmente que sí, dado el carácter residual que para ellos, visto lo visto, tiene nuestra Constitución.

Para encontrar respuestas podemos empezar consultando nuestra Historia, como si de un oráculo se tratara. La regla de la inalienabilidad encuentra su origen en la prohibición de la venta de bienes por la Corona, establecida como auténtica política social, para proteger los bienes y derechos de la Administración de una mala o fraudulenta gestión, y evitar así el despilfarro real que inevitablemente se traducía en subidas de impuestos para sus súbditos. Y nuestros gobernantes, aprovechando el estado catatónico del narcotizado pueblo andaluz, se empeñan una y otra vez en desempolvar figuras históricas que en nada nos benefician y que creíamos periclitadas: inmunidades del poder, tics absolutistas, desviación de poder, ...

Para lograr entender lo que se expone a cotinuación es necesario recordar algunos conceptos básicos sobre los bienes públicos, lo que, por otra parte, conllevará un irremediable recuerdo de pasados tiempos de oposiciones:

Los bienes de que disponen las Administraciones sirven a la satisfacción de los fines públicos que aquellas tienen asignados, y por este motivo no pueden disponer de ellos libremente. Así queda plasmado en nuestra Constitución (art. 128.1), que subordina “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad al interés general”, y contempla diversas clases de bienes cuyos titulares son Entes públicos: bienes reservados al sector público (art. 128.2), bienes de dominio público y comunales y los que integran el Patrimonio Nacional, así como los bienes patrimoniales (art. 132).

Ordena nuestra Constitución (art. 132.1) que el régimen jurídico de los bienes de dominio público y de los comunales, inspirándose en los principios de inalienabilidad, imprescriptibilidad e inembargabilidad, así como su desafectación, se regularán por Ley.

Pero, ¿qué diferencia hay entre los bienes de dominio público y los bienes patrimoniales?

Son bienes de dominio público (también llamados bienes demaniales o dominiales) aquellos que siendo de titularidad pública están afectados a un uso público (calles, carreteras, ríos, playas, etc.), a un servicio público (por ejemplo, edificio de una Consejería o de una Facultad universitaria) o al fomento de la riqueza nacional -aguas, montes públicos catalogados, etcétera- (art. 339 C.C.).

Son bienes patrimoniales de las Administraciones, por el contrario, los que siendo propiedad de un Ente público, en ellos no concurre la circunstancia de la afectación a un uso o a un servicio público o a la riqueza nacional (art. 340 C.C.).

El cese de la demanialidad de un bien público se produce a través de la técnica de la desafectación, es decir, una vez cesado el destino del bien a un uso o servicio público, el bien demanial es convertido en un bien patrimonial, o sea, dejaría de ser un bien público para ser privativo de un Ente público (art. 341 C.C.). Esto permite a una Administración alienar o enajenar (vender) el bien con arreglo al procedimiento legalmente establecido.

Pero, por encima de todo, queremos destacar y remarcar especialmente en esta información la regla de la inalienabilidad de los bienes de dominio público establecida en nuestra Constitución, que es independiente del valor de los bienes y que encuentra su fundamento en el carácter extracomercial del “demanio” (conjunto de bienes demaniales), y que se traduce en la no disponibilidad del bien mientras esté afectado a un fin de utilidad pública, ni siquiera por ley (art. 132.1 CE). Esta inalienabilidad (prohibición de vender) hay que entenderla en sentido amplio, como obstáculo inseparable frente a todo tipo de disposición, salvo que deje de concurrir el requisito de la afectación para considerar el bien público como demanial.

Con arreglo al Derecho civil, cuando dicha regla se infringe propiamente, por ejemplo, en la transmisión de un bien de dominio público a particulares sin la previa desafectación, cabe considerar el acto como nulo de pleno derecho por falta de objeto, dada la extracomercialidad que le caracteriza. ¿Qué consecuencias tendría este precepto sobre las ventas que, en nuestro particular caso, realice la Administración andaluza?

Con esta introducción pretendemos explicar que tanto el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía como el Parlamento andaluz han actuado, en nuestra opinión, marginando la regla constitucional de la inalienabilidad de los bienes de dominio público. El primero, mediante las modificaciones de la Ley 4/1986 de Patrimonio de la Comunidad Autónoma, aprobadas mediante Decreto-Ley 5/2010 y Decreto-Ley 6/2010 (que no olvidemos, fueron ratificados por el Parlamento), y el segundo, mediante la modificación de la citada Ley de Patrimonio, aprobadas mediante la Ley 12/2010, de Presupuestos para 2011, y la Ley 1/2011, de Reordenación del Sector Público andaluz, que viene a reiterar lo dicho en los citados Decretos-Leyes, aunque la Ley 12/2010 introdujo nuevas “circunstancias”, que comentaremos a continuación.

Debemos remarcar que, si en un principio sólo se pretendía vender bienes inmuebles a dos empresas públicas de la Junta de Andalucía, a las que se autorizaba su endeudamiento, con la Ley 12/2010, de Presupuestos para 2011, y en virtud de sus disposiciones adicionales, se ha autorizado la venta a otras personas físicas o jurídicas privadas, lo cual necesita una urgente aclaración, porque no olvidemos que estamos hablando de bienes de todos los andaluces, que no son propiedad de nuestros gobernantes y que, por ende, les corresponde administrar, no dilapidar.

Es de destacar la escasa jurisprudencia sobre esta controversia, lo cual es lógico, dado que la Constitución de 1978 ha supuesto un límite infranqueable para este tipo de operaciones, sencillamente porque, hasta ahora, no ha habido “políticos” capaces de revivir los saqueos que los ya mencionados reyezuelos perpetraban en la antigüedad con los bienes públicos y que luego repercutían a sus súbditos con significativas subidas de impuestos.

¿Por qué planteamos la posible nulidad radical de estas ventas de bienes de dominio público?

En primer lugar, porque mediante normas de rango legal se autoriza la alienabilidad (venta) de inmuebles de la Junta de Andalucía que no han perdido su característica de dominio público, en cuanto que permanecen afectados a un servicio público. Ni siquiera se ha previsto su desafectación, sino que directamente la ley los considera alienables con la mera autorización del Consejo de Gobierno a la titular de la Consejería de Hacienda y Administración Pública, que es la competente en materia de Patrimonio. Por cierto, ¿es casual que esta Consejería sea la misma que está ejecutando toda la reordenación del sector público andaluz? A estas alturas sólo creemos en causalidades.

Si la técnica empleada por el legislador -con mayoría socialista, hay que recordarlo- consiste en autorizar la venta de bienes de dominio público mediante ley, y convertirlos en bienes patrimoniales con la archiconocida justificación de la “racionalización del gasto público” (entiéndase despilfarro del partido gobernante), de la misma forma podría modificar las leyes reguladoras del régimen local y los bienes de las Entidades locales, y autorizar la venta o enajenación de todos los edificios donde se ubican los Ayuntamientos, las plazas o las calles públicas, para que éstos puedan hacer frente a las muchas deudas que les acucian; o, igualmente, podría reformar las leyes que regulan el Patrimonio Natural y vender las aguas, playas, etc.; o modificar la Ley de Patrimonio Histórico y convertir -algún jeque encontrarían- bienes de dominio público como la Mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada o la Giralda de Sevilla en bienes patrimoniales y enajenarlos a empresas privadas. ¿Por qué no? Si de tirar la casa por la ventana se trata, la ley es el instrumento perfecto que usan nuestros gobernantes para hacer y deshacer a su capricho. Aunque, a la vista de tanta osadía, quizá sea mejor no dar ideas, por si acaso.

- “Pero, aparte de vulnerar la Constitución, ¿presenta algún otro problema?”, como diría nuestro gobernante-tipo. Respondamos a la pregunta analizando el farragoso proceso seguido, que incluso entra en contradicciones y presenta aristas absolutamente oscuras por no decir negras como el azabache:

En el BOJA del 26 de noviembre pasado se publicó el Acuerdo de 9 de noviembre de 2010 del Consejo de Gobierno, por el que se autorizaba la enajenación de 75 bienes inmuebles según su Anexo, y que, de acuerdo con la Disposición Adicional Segunda del Decreto-Ley 5/2010, de Reordenación del Sector Público andaluz (corroborado por el Decreto-Ley 6/2010), podía realizarse directamente por la persona titular de la Consejería de Hacienda y Administración Pública, cualquiera que fuese su valor, a las empresas públicas "Sociedad de Gestión, Financiación e Inversión Patrimonial, S.A." y "Empresa Pública de Gestión de Activos, S.A.". Además, dicho Decreto-Ley autoriza a éstas su endeudamiento para la operación, y la celebración de contratos de arrendamiento de hasta treinta y cinco años por la misma Consejería de los inmuebles previamente enajenados a aquellas.

La Ley 12/2010, de Presupuestos para 2011, en su disposición adicional sexta, reproduce el texto de dicho precepto, pero con dos innovaciones: se refiere a los inmuebles que autorice el Consejo de Gobierno en el año 2011, y autorizando también la venta a otras empresas privadas o públicas, personas físicas o jurídicas, sin que la norma revele el motivo de introducir al sector privado como adquirente, máxime teniendo en cuenta que hablamos de bienes de dominio público de la Comunidad andaluza.

El nuevo Acuerdo del Consejo de Gobierno de 1 de marzo de 2011, publicado en el BOJA de 07/04/2011, autoriza la venta de los bienes incluidos en su Anexo, que incluye una serie de nuevos bienes inmuebles que no aparecían en el Acuerdo de 2010, en total 36. Además, reconoce que ya se han vendido por la citada Consejería 5 bienes inmuebles de los que aparecían en el Anexo del anterior Acuerdo. Sin embargo, nada dice de los 14 inmuebles que aparecían en el primer Anexo y que en el segundo no tienen reflejo.

Llegados a este punto, hemos de incidir en un aspecto que el legislador ha pasado por alto: en nuestra opinión, la correlación de la disposición derogatoria única y la disposición adicional segunda de la Ley 1/2011 deroga tácita y parcialmente la disposición sexta de la Ley 12/2010. Y decimos parcialmente en cuanto aquella se refiere a los bienes inmuebles autorizados por el Consejo de Gobierno en 2010, que no podrían venderse a personas o empresas privadas, aunque los recoja de nuevo el Anexo del Acuerdo de 2011.

No obstante, los ciudadanos deberíamos agradecer la citada derogación, intencionada o no, al no consentir, en principio, el traspaso de parte de lo bienes de dominio público a manos privadas.

Todo ello deja al Acuerdo del Consejo de Gobierno de 1 de marzo de 2011 en una nebulosa de incertidumbre jurídica y al legislador y al Consejo de Gobierno en una situación confusa para explicar sin sonrojos tantos y tan dispares cambios en tan pocos meses: primero se permite la enajenación a dos entes públicos, después también a privados, más tarde sólo a públicos, ahora de nuevo a privados... Y para colmo, y es nuestra opinión, infringiendo nuestra Constitución.

No acaban aquí los juegos malabares. Si ya las modificaciones de la Ley 4/1986, de Patrimonio de la Comunidad Autónoma causan asombro, aún más rechina el hecho de que la autorización por parte del Consejo de Gobierno para la enajenación de los citados bienes les atribuye la condición de bienes patrimoniales y resultan alienables sin necesidad de previa declaración de alienabilidad. Legalmente, como hemos indicado, precisa la precedente desafectación, y para ello es necesario que cese previamente el uso para oficinas o servicios públicos. Hay que tener en cuenta que dichos inmuebles permanecen destinados a oficinas o servicios administrativos de la Junta de Andalucía o de cualquiera de sus entidades instrumentales de Derecho Público y, por tanto, no se ha producido en ningún momento el cambio de uso de esos inmuebles, ni se tienen noticias de que se vaya a hacer, sino de todo lo contrario.

Para más inri, todo indica que ya está en fase de ejecutarse la enajenación de los bienes inmuebles -que siguen siendo de dominio público mientras no se desafecten- mediante la contratación de una empresa de servicios para realizar dichas ventas y el posible alquiler a empresas privadas, a través de operaciones conocidas como “Sale and Lease-Back”, una fórmula de financiación típica de las empresas privadas, consistente en la venta de un activo de la empresa a una sociedad de Leasing, realizando simultáneamente un contrato de arrendamiento financiero sobre el bien vendido. Por lo tanto la titularidad del bien se transmite a la sociedad de Leasing, mientras que la empresa vendedora sólo mantiene un derecho de uso sobre el mismo.

Pero, “a nuestro entender y tras beber durante años en las diversas fuentes del Derecho Administrativo”, la Administración de la Junta de Andalucía no es una empresa privada. Sin embargo, nuestros gobernantes, cegados por el ansia de dirigir la Administración bajo los principios del nepotismo, la parcialidad y la subjetividad, en una clara huida del Derecho Administrativo -entiéndase “reordenación del sector público andaluz”-, se empeñan una y otra vez en usar el Derecho para fines alejados del interés general.

Parece ser que a la empresa de servicios contratada, o que se va a contratar, sólo se le autorizará contactar con las empresas que le suministre la Consejería de Hacienda y Administración Pública, la cual facilitará incluso los modelos de contrato. Si así es, ¿para qué se contrata una empresa de servicios? ¿Acaso la Dirección General de Patrimonio no cuenta con personal suficiente -asesores jurídicos, economistas, etc.- para llevar a buen término una operación de este tipo? ¿Quién ha realizado hasta ahora la compra de bienes inmuebles por parte de la Junta de Andalucía?

Lo realmente grave de este asunto es que se está realizando sin ninguna transparencia, y muy posiblemente la empresa que se contrate podrá cobrar comisiones por las operaciones de compraventa. Si así fuera, lógicamente, la Junta de Andalucía recibiría un importe menor del precio de venta porque parte del mismo iría a parar a las cuentas de la empresa intermediadora, es decir, habría una pérdida de beneficios para los andaluces, verdaderos dueños de todos los bienes, que redundaría en la empresa comisionista. Según parece, a la Consejería de Hacienda y Administración Pública le parecen insuficientes los más de 60.000 euros que se le pagará por sus servicios a la empresa que se contrate.

Lo que está en juego, en resumen, además de la despatrimonialización, y por si no fuera poco, es una operación millonaria que beneficiará posiblemente a alguna o algunas empresas privadas, ya veremos si afín o no a nuestros gobernantes, pero que será ruinosa para los andaluces, como ocurría en la antigüedad cuando con los monarcas opresores dilapidaban a su antojo los bienes públicos.

Y es que algunos dirigentes olvidan que el Derecho es el fundamento de los gobiernos constitucionales, al menos en una sociedad democrática como la nuestra, y no un instrumento al servicio de los intereses del partido político de turno y de los de sus allegados.

El hecho de contratar un empresa para la venta de los inmuebles, desde nuestro punto de vista, es inadmisible: ¿cómo es posible que una empresa contratada por la Administración de la Junta de Andalucía, que debe cumplir el contrato en atención a los fines institucionales de carácter público que a través del mismo se tratan de realizar (art. 1 de la Ley 30/2007 -LCSP-), puede a su vez atender los fines particulares propios y el de las empresas que pretenden comprar los inmuebles? No podemos obviar que si están en juego comisiones por las ventas, habría un claro conflicto entre los intereses públicos de la Administración y los intereses particulares lucrativos de la empresa contratada y de las empresas compradoras. Insistimos en que la Junta de Andalucía cuenta con empleados públicos que podrían realizar esas funciones perfectamente.

Por otro lado, si para justificar la medida y la urgencia de las operaciones de “Sale and Lease-Back” se argumentó en el Decreto-Ley 5/2010 la mayor racionalización del gasto público con motivo de la crisis económica, no puede entenderse que pasados más de diez meses sólo se hayan enajenados 5 bienes inmuebles, tal como declara el Acuerdo más reciente del Consejo de Gobierno de 2011.

Llegados a este punto, no podemos dejar de plantear las siguientes preguntas:

1. ¿Por qué se venden bienes de dominio público al margen de las reglas establecidas en nuestra Constitución? ¿Es, o no, un fraude de Ley, la venta de bienes de dominio público sin la previa desafectación del uso y posterior declaración de alienabilidad?

2. ¿Las citadas actuaciones se adecuan al principio de “buena administración” establecido en nuestro Estatuto de Autonomía? ¿Se trata quizá de un maquillaje financiero ante una pésima gestión económica y, de paso, de una operación millonaria para enriquecimiento de alguien en particular?

3. ¿Por qué motivo el Parlamento Andaluz ha autorizado la venta de bienes de dominio público de forma directa, sin mediar subasta pública, a empresas y personas privadas?

4. ¿Por qué la Ley 1/2011 deroga tácita y parcialmente lo ordenado en la Ley 12/2010, para los bienes autorizados en 2010 por el Consejo de Gobierno? ¿Por qué el Consejo de Gobierno adopta un nuevo Acuerdo en 2011 en base a un precepto tácita y parcialmente derogado por la Ley 1/2011?

5. Si se han vendido sólo cinco bienes del Anexo del Acuerdo del Consejo de Gobierno de 2010, ¿qué ha pasado con los nueve bienes inmuebles restantes que ahora han desaparecido del Anexo del nuevo Acuerdo de 2011? ¿Dónde estaba la urgencia -según el Decreto Ley 5/2010- si sólo se han enajenado cinco bienes?

6. ¿Por qué en el nuevo Acuerdo de 2011 del Consejo de Gobierno aparecen 36 bienes inmuebles que se pretenden vender a empresas privadas, que no aparecían en el primitivo Acuerdo de 2010?

7. ¿Cuál ha sido el precio de enajenación de los 5 bienes vendidos a la Empresa Pública de Gestión de Activos, S.A., y en qué condiciones? ¿Han sido o pueden ser revendidos estos bienes por la citada empresa a otras?

8. ¿Cómo y quién establece el precio del alquiler de los bienes vendidos? ¿Qué precio estamos pagando por el alquiler de dichos bienes y en qué medio se publicita?

9. ¿A qué se debe la falta de transparencia en la venta de los bienes inmuebles y posterior alquiler? ¿Quién realiza su tasación?

10. ¿Es cierto que en estas operaciones de “Sale and Lease-Back” se ha previsto que el precio final incluya comisiones a determinadas personas físicas o jurídicas por la intermediación? ¿Por qué los andaluces hemos de renunciar a los beneficios que comportarían las comisiones previstas por las ventas que sólo enriquecerían a la empresa intermediadora?

La Administración de la Junta de Andalucía, con el beneplácito del legislador andaluz, ha optado sin rubor por la senda de la despatrimonialización, marginando nuestra Constitución, decisión que no podemos compartir de ninguna de las maneras. Si a ello añadimos la ausencia de transparencia, mecanismo que permite evitar la aparición de la corrupción y el fraude, y que la confianza en el Gobierno andaluz se encuentra bajo mínimos, se convierte en una obligación exigir la marcha atrás en esta loca carrera. No nos queda más salida, como ciudadanos y funcionarios comprometidos, que seguir atentos a estas tropelías y denunciar estas injustificadas prácticas.

www.eltercerlado.com

miércoles, 8 de junio de 2011

Presión política o independencia funcionarial; oscurantismo o transparencia

Y sigue, sigue y sigue... y tiro porque me toca. Salta a la palestra otro caso que atufa, esta vez en la Consejería de Economía, Innovación y Ciencia, que es la “comidilla” de las Intervenciones y que corre de boca en boca entre los empleados de la Junta de Andalucía:


Se trataría de expedientes de pago a empresas -Delphi, ¿Santana Motor?, ¿alguna otra?- de unos 2.000.000 de euros cada uno, donde figuran como beneficiarios de “indemnizaciones” (45.000 euros de media por cabeza) personas que no cumplen los requisitos exigidos, con lo que, además de suponer un claro fraude, perjudicarían al resto de legítimos beneficiarios que sí los cumplen. Y es que en determinados casos no se correspondería la documentación aportada en los expedientes con los datos recabados de distintos sistemas de información.


Al parecer, a la vista de tales hechos, la Intervención Delegada puso objeciones para la fiscalización de los expedientes. A resultas de ello el Viceconsejero le habría comunicado al Interventor que esas objeciones resultaban inadmisibles, “recomendándole” que las retirara. El estado actual de los citados expedientes sería el de “fiscalización condicionada”.


Con los datos apuntados desconocemos si se trata de alguna irregularidad o ilegalidad, o si, por el contrario, todo es legal y sólo está mal documentado; así no sabemos si las indemnizaciones serían todas procedentes o, en algunos casos, improcedentes.


Lo que sí parece cierto es que, en relación con estos expedientes -lo que corrobora el tufillo que desprenden y con motivo de la presión recibida- el Interventor Delegado de la Consejería de Economía, Innovación y Ciencia habría presentado su renuncia al cargo.


La renuncia, en principio, parece no haber sido aceptada por la Interventora General y se desconoce al día de hoy la decisión final del referido Interventor Delegado.


¿El fin, otra vez, justifica los medios? ¿El tiempo podrá a cada uno en su lugar o nos levantaremos cada día con la incertidumbre de un nuevo escándalo?



jueves, 2 de junio de 2011

Hora de despertar



Artículo de Antonio Muñoz Molina, andaluz de Úbeda, funcionario, escritor y columnista. Sobran los comentarios:

He pensado desde hace muchos años, y lo he escrito de vez en cuando, que España vivía en un estado de irrealidad parcial, incluso de delirio, sobre todo en la esfera pública, pero no solo en ella. Un delirio inducido por la clase política, alimentado por los medios, consentido por la ciudadanía, que aceptaba sin mucha dificultad la irrelevancia a cambio del halago, casi siempre de tipo identitario o festivo, o una mezcla de los dos. La broma empezó en los ochenta, cuando de la noche a la mañana nos hicimos modernos y amnésicos y el gobierno nos decía que España estaba de moda en el mundo, y Tierno Galván -¡Tierno Galván!- empezó la demagogia del político campechano y majete proclamando en las fiestas de San Isidro de Madrid aquello de “¡ El que no esté colocao que se coloque, y al loro!” Tierno Galván, que miró sonriente para otro lado, siendo alcalde, cuando un concejal le trajo pruebas de los primeros indicios de la infección que no ha dejado de agravarse con los años, la corrupción municipal que volvía cómplices a empresarios y a políticos.

Por un azar de la vida me encontré en la Expo de Sevilla en 1992 la noche de su clausura: en una terraza de no sé qué pabellón, entre una multitud de políticos y prebostes de diversa índole que comían gratis jamón de pata negra mientras estallaban en el horizonte los fuegos artificiales de la clausura. Era un símbolo tan demasiado evidente que ni siquiera servía para hacer literatura. Era la época de los grandes acontecimientos y no de los pequeños logros diarios, del despliegue obsceno de lujo y no de administración austera y rigurosa, de entusiasmo obligatorio. Llevar la contraria te convertía en algo peor que un reaccionario: en un malasombra. En esos años yo escribía una columna semanal en El País de Andalucía, cuando lo dirigía mi querida Soledad Gallego, a quien tuve la alegría grande de encontrar en Buenos Aires la semana pasada. Escribía denunciando el folklorismo obligatorio, el narcisismo de la identidad, el abandono de la enseñanza pública, el disparate de un televisión pagada con el dinero de todos en la que aparecían con frecuencia adivinos y brujas, la manía de los grandes gestos, las inauguraciones, las conmemoraciones, el despilfarro en lo superfluo y la mezquindad en lo necesario. Recuerdo un artículo en el que ironizaba sobre un curso de espíritu rociero para maestros que organizó ese año la Junta de Andalucía: hubo quien escribió al periódico llamándome traidor a mi tierra; hubo una carta colectiva de no sé cuantos ofendidos por mi artículo, entre ellos, por cierto, un obispo. Recuerdo un concejal que me acusaba de “criminalizar a los jóvenes” por sugerir que tal vez el fomento del alcoholismo colectivo no debiera estar entre las prioridades de una institución pública, después de una fiesta de la Cruz en Granada que duró más de una semana y que dejó media ciudad anegada en basuras.

El orgullo vacuo del ser ha dejado en segundo plano la dificultad y la satisfacción del hacer. Es algo que viene de antiguo, concretamente de la época de la Contrarreforma, cuando lo importante en la España inquisitorial consistía en mostrar que se era algo, a machamartillo, sin mezcla, sin sombra de duda; mostrar, sobre todo, que no se era: que no se era judío, o morisco, o hereje. Que esa obcecación en la pureza de sangre convertida en identidad colectiva haya sido la base de una gran parte de los discursos políticos ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la democracia en España. Ser andaluz, ser vasco, ser canario, ser de donde sea, ser lo que sea, de nacimiento, para siempre, sin fisuras: ser de izquierdas, ser de derechas, ser católico, ser del Madrid, ser gay, ser de la cofradía de la Macarena, ser machote, ser joven. La omipresencia del ser cortocircuita de antemano cualquier debate: me critiacan no porque soy corrupto, sino porque soy valenciano; si dices algo en contra de mí no es porque tengas argumentos, sino porque eres de izquierdas, o porque eres de derechas, o porque eres de fuera; quien denuncia el maltrato de un animal en una fiesta bárbara está ofendiendo a los extremeños, o a los de Zamora,o de donde sea; si te parece mal que el gobierno de Galicia gaste no sé cuántos miles de millones de euros en un edificio faraónico es que eres un rojo; si te escandalizas de que España gaste más de 20 millones de euros en la célebre cúpula de Barceló en Ginebra es que eres de derechas, o que estás en contra del arte moderno; si te alarman los informes reiterados sobre el fracaso escolar en España es que tiene nostalgia de la educación franquista.

He visto a alcaldes y a autoridades autonómicas españolas de todos los colores tirar cantidades inmensas de dinero público viniendo a Nueva York en presuntos viajes promocionales que solo tienen eco en los informativos de sus comarcas, municipios o comunidades respectivas, ya que en el séquito suelen o solían venir periodistas, jefes de prensa, hasta sindicalistas. Los he visto alquilar uno de los salones más caros del Waldorf Astoria para “presentar” un premio de poesía. Presentar no se sabe a quién, porque entre el público solo estaban ellos, sus familiares más próximos y unos cuantos españoles de los que viven aquí. Cuando era director del Cervantes el jefe de protocolo de un jerarca autonómico me llamó para exigirme que saliera a recibir a su señoría a la puerta del edificio cuando él llegara en el coche oficial. Preferí esperarlo en el patio, que se estaba más fresco. Entró rodeado por un séquito que atascaba los pasillos del centro y cuando yo empezaba a explicarle algo tuvo a bien ponerse a hablar por el móvil y dejarnos a todos, al séquito y a mí, esperando durante varios minutos. “Era Plácido”, dijo, “que viene a sumarse a nuestro proyecto”. El proyecto en cuestión calculo que tardará un siglo en terminar de pagarse.

Lo que yo me preguntaba, y lo que preguntaba cada vez que veía a un economista, era cómo un país de mediana importancia podía permitirse tantos lujos. Y me preguntaba y me pregunto por qué la ciudadanía ha aceptado con tanta indiferencia tantos abusos, durante tanto tiempo. Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica. Rebeldía práctica para ponernos de acuerdo en hacer juntos un cierto número de cosas y no solo para enfatizar lo que ya somos, o lo que nos han dicho o imaginamos que somos: que haya listas abiertas y limitación de mandatos, que la administración sea austera, profesional y transparente, que se prescinda de lo superfluo para salvar lo imprescindible en los tiempos que vienen, que se debata con claridad el modelo educativo y el modelo productivo que nuestro país necesita para ser viable y para ser justo, que las mejoras graduales y en profundidad surgidas del consenso democrático estén siempre por encima de los gestos enfáticos, de los centenarios y los monumentos firmados por vedettes internacionales de la arquitectura.

Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.

Lo más raro es que el espejismo haya durado tanto.


sábado, 14 de mayo de 2011

14M: Suma y sigue a 40ºC

Con 40 grados en las calles de Sevilla, miles de empleados públicos de la Junta de Andalucía continúan sumando en pos de la meta. Ya hace tiempo avisamos que lo acontecido sólo era el comienzo. Hoy seguimos corroborándolo.

SEVILLA, 14 DE MAYO DE 2011

MANIFESTACIÓN DE CIUDADANOS-EMPLEADOS PUBLICOS, OPOSITORES…



Vídeo de la lectura del manifiesto



MANIFIESTO

Los años 2010 y 2011, en España, serán históricamente recordados por el acontecimiento de varios hechos cruciales. Y entre ellos, por su singularidad, ha de destacarse nuestra movilización y protesta que, por ser pionera y casi unánime, supondrá un hito en la Historia de este país.


Este movimiento surgió como consecuencia de un proceso perverso de deterioro de nuestra Administración Pública y de una clara vulneración del orden constitucional ejecutada por los gobernantes andaluces del PSOE, con la abstención de IU en el Parlamento, la participación de los dirigentes sindicales de UGT y CC.OO. y de la complicidad, en el necesario proceso de aprobación de las normas, de asesores jurídicos de la misma Administración y del Consejo Consultivo.


Nuestros gobernantes han dejado claro que, con la reordenación planteada, no pretenden la disminución del déficit público que pregonan. Lo que buscan es el blanqueo de empleo negro y el blindaje de sus puestos. Estamos convencidos de que la decidida apuesta que hacen por el despilfarro está motivada únicamente por el nepotismo, la ineptitud y la incompetencia que les adorna.


Nuestra actuación, inimaginable hace unos años, ha sorprendido a muchos sectores de nuestra sociedad: empleados públicos, medios de comunicación, grupos políticos, sindicatos, profesionales de otras administraciones, colegios oficiales y demás organizaciones, así como a la ciudadanía en general.


Han significado meses de reivindicaciones de derechos fundamentales, de lucha contra las inmunidades del poder público, de pretensiones de restablecimiento del orden constitucional y del Estado de Derecho, y de defensa de lo público.


Han sido días de asambleas y de reuniones interminables, jornadas de movilizaciones y protestas en la calle, con calor, bajo la lluvia o el frío, semanas soportando las mentiras e insultos de dirigentes sindicales y políticos, meses sufriendo el rodillo del poder ejecutivo con denuncias policiales y expedientes disciplinarios infundados, tiempos padeciendo el inexplicable abandono por parte de instituciones básicas como los Defensores del Pueblo Andaluz y Estatal, el Ministerio Fiscal, la Cámara y el Tribunal de Cuentas.


Han sido días para digerir la irresponsabilidad y la falta de solidaridad de algunos compañeros nuestros, conocedores de las consecuencias nefastas de este proceso, semanas de manipulaciones y de padecimiento de la presión de los medios de comunicación afines al gobierno andaluz, meses de compañeros que han dado mucho de su tiempo y de sí mismos y de otros compañeros que se han quedado en el camino (nuestro agradecimiento a todos ellos), dando ejemplo de tenacidad, coraje y valor, para conseguir la única salida que tiene este proceso absurdo e insensato -que nada tiene que ver con los objetivos que nuestros gobernantes dicen perseguir de ahorro económico, disminución del déficit público y eficacia del sector público– y que no es otra que la derogación de todas las normas relacionadas con este esquizofrénico proceso de reordenación del sector público andaluz.


Pero existe también, y es lo realmente importante, un lado valiosamente positivo en todo este movimiento: hemos conseguido informar, sensibilizar y concienciar a muchos sectores de nuestra sociedad que desconocían los oscuros objetivos de los gobernantes políticos. En este sentido, hemos contado con el apoyo de asociaciones, otros sindicatos y partidos políticos, de varios colegios oficiales y de la ciudadanía en general, que han abierto los ojos y descubierto las verdaderas pretensiones de estos gobernantes y dirigentes sindicales de pacotilla.


Hemos recorrido mucho trayecto juntos, y aunque nos han puesto demasiadas piedras en el camino, nos encontramos en un momento trascendental: hemos activado los resortes del único poder público que puede poner freno a este proceso destructivo del gobierno andaluz: el Poder Judicial. ¡¡Y tenemos fundadas esperanzas de que lo vamos a conseguir!!


No es el momento de ponerse a dudar si debemos seguir adelante, porque nuestros gobernantes, con su actitud arbitraria, insolente, prepotente, altanera y aplastante, no han vacilado ni un instante en seguir con la reordenación, desoyendo nuestras voces y pisoteando nuestra Constitución y el resto del ordenamiento jurídico, con una total irresponsabilidad y falta de respeto a la ciudadanía, algo inconcebible para el que dispone de un mínimo de valores y de ética.


Por todo ello, nos planteamos los inevitables interrogantes: ¿Estamos, o no estamos ante un auténtico expolio de la Comunidad? ¿Supone, o no, una “alta traición” a los cimientos del Estado de Derecho y a los ciudadanos? ¿Qué cotas de irresponsabilidad han de alcanzarse para que las instituciones competentes pongan fin a este saqueo del erario público? ¿Ninguna institución pública tiene nada que decir y que hacer? ¿Cuántas subidas de impuestos -directos e indirectos- y de precios tendremos que sufrir de nuevo los ciudadanos para costear esta Andalucía hipotecada y por cuánto tiempo? ¿Cuántas prestaciones sociales más habrán de recortarse?


La ciudadanía debe reaccionar ante la apropiación y despojo de “sus bienes”, los públicos, porque cuesta digerir este latrocinio, y cuesta entender aún más las acciones y omisiones de demasiados políticos, funcionarios y ciudadanos, que participan o colaboran en el proceso.


Por todo ello, los empleados públicos, los opositores y la ciudadanía andaluza salimos de nuevo a manifestarnos hoy en Sevilla:


-Contra la corrupción y el despilfarro en la Administración.

-Contra el enchufismo.

-Contra la Administración Paralela, que escapa del control administrativo y de fiscalización previa de la Administración Pública de la Junta de Andalucía.

-Contra los sindicatos que no nos representan y que nos han vendido por un puñado de subvenciones.

-Contra los que vulneran la Constitución y la Ley.

-Contra la desordenación del sector público y la politización de los servicios públicos.


Luchamos y seguiremos luchando:

-Por una Administración eficaz, transparente, imparcial, profesional, objetiva y no politizada.

-Por el acceso al empleo público bajo los principios de igualdad, mérito, capacidad y publicidad.

-Por nuestros derechos como ciudadanos, empleados públicos y opositores, y en defensa del interés general, que es de todos y cada uno de nosotros.

-Por la dignidad del empleado público y porque se valore su fundamental papel en la sociedad.

-Por el respeto y el cumplimiento de la legalidad.

-Por una Administración pública de calidad y al servicio de la ciudadanía.

-Por nuestro futuro y el de las generaciones venideras de Andalucía.

Lo decimos y lo vamos a seguir proclamando alto y claro:


¡NO, a la Ley 1/2011 de Reordenación del Sector Público en Andalucía! ¡NO, a las Agencias!


Así lo ha visto la prensa:

ABC

DIARIO DE CÓRDOBA

EL CONFIDENCIAL

EL CORREO DE ANDALUCÍA

EL IDEAL

EL MUNDO 1

EL MUNDO 2

EL PAIS

EUROPA PRESS 1

EUROPA PRESS 2

LA RAZÓN

POR ANDALUCIA LIBRE