jueves, 1 de julio de 2010

Sindicatos y “heterofobia”

La gente de Madrid soporta estos días la huelga del suburbano de la capital. No entraremos a valorar la procedencia de las reivindicaciones -a todas luces justas- de los huelguistas, centradas en la natural reacción de apartar la mano que la Administración, al igual que ha hecho con los estoicos funcionarios, se empeña en meterles en sus bolsillos.

Si la media del recorte ultraliberal que el presidente del Gobierno ha producido en nuestro salario ha alcanzado hasta el 7%, la empresa pública Metro de Madrid pretende una reducción para sus empleados de en torno al 2, en aplicación –lo que resulta curioso e irritante- del “tijeretazo monclovita”.

Libres son estos trabajadores de defender lo suyo –es más, de ellos deberíamos aprender-; otra cosa son las formas y, sobretodo, la injusta y feroz negativa a prestar los servicios mínimos marcados por ley. El artículo 10 del preconstitucional Real Decreto-ley 17/1977, de 4 de marzo, establece que “Cuando la huelga se declare en empresas encargadas de la prestación de cualquier género de servicios públicos o de reconocida e inaplazable necesidad y concurran circunstancias de especial gravedad, la Autoridad gubernativa podrá acordar las medidas necesarias para asegurar el funcionamiento de los servicios. El Gobierno, asimismo, podrá adoptar a tales fines las medidas de intervención adecuadas”. Así, el exigible principio de cumplimiento de los servicios mínimos camina en paralelo con el derecho a la huelga.

Se estiman en dos millones diarios de usuarios, de trabajadores y desempleados, de nacionales y extranjeros, de sanos y enfermos, de heteros y homosexuales, los que se han visto afectados por la total paralización del suburbano madrileño. Sin embargo, la consumada violación de la privación de los servicios mínimos alcanza su mayor grado de vileza cuando, en palabras del comité de huelga, se afirma que “el fin de semana no vamos a convertirnos en homófobos y no habrá huelga para respetar el día del orgullo gay”. O sea, para entendernos, durante la semana “jodemos” a todo bicho viviente mientras el “finde”, en frenética bacanal de “heterofobia” (*), salimos disfrazados del armario para abrazamos al lobby de moda... no sea que “nos pase factura”.

Mientras, el Nerón del régimen (**) -al que compete asegurar el funcionamiento de los servicios- con el arpa de la propaganda entre sus dedos, entre sonrisa y silbido, contempla extasiado, además de los efectos de sus incendiarias medidas, a “sus” sumisos, mansos y obedientes sindicatos que continúan cocinándole un particularísimo y sabrosísimo caldo gordo.

(*) Neologismo inminente: “Aversión obsesiva hacia las personas heterosexuales”.

(**) Gobierno o bombero-pirómano, para los no iniciados.

Francisco Romero, presidente de la Asociación El Tercer Lado.

Las opiniones difundidas en este apartado son de la exclusiva responsabilidad de sus autores y no se corresponden necesariamente con las de "El Tercer Lado"

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